border border border border
border
  http://giuseppeallamano.ismico.org   venerdì, 05 settembre 2008 14:17  
border border
Giuseppe Allamano
border border
 arrow 
   Home Page arrow Studi arrow Los mandamientos misioneros del beato José Allamano
border border

Menu principale
Home Page
Indirizzi utili
Ricerca avanzata
Contattaci
Amministratore
____________________
Rivista - Archivio
2003
2004
2005
2006
2007
2008
____________________
B.G.Allamano
Beato Giuseppe Allamano
Castelnuovo Don Bosco
Vita Spirituale
Studi
Conferenze
Beatificazione
Novena
Liturgia
Preghiere
Riflessioni
____________________
Siti Ismico
Italiano
English
Espanol
Portuguese


Los mandamientos misioneros del beato José Allamano PDF Stampa E-mail
Scritto da consolata.org   

La realidad de la misión presenta muchos aspectos que, de una u otra manera, representan la amplitud y la vastedad de su intencionalidad; o sea, representa el vasto horizonte del anuncio de Dios en todas las realidades donde la persona humana vive y desarrolla su existencia. Por ser cada persona diferente, diferente será el modo de aproximarnos y de anunciarle lo que Dios en Jesucristo nos ha invitado a hacer: Llevar la Buena Noticia hasta los confines del mundo.

He aquí la importancia de tener algunos elementos claros para poder emprender esta realidad que nos interpela e impele en ir hacia el otro.

En la Encíclica Redentoris Missio (RM 33-34), se habla de los ámbitos de la misión donde cada cristiano, todo cristiano es llamado a ser presencia de Dios y darlo a conocer: veamos cuales son:

a- Ámbitos territoriales: pueblos enteros donde nunca ha llegado el anuncio del evangelio; grupos o áreas de países tradicionalmente cristianos que aún no están evangelizados (ciudades o zonas rurales); áreas geográficas donde faltan comunidades cristianas autóctonas, o son muy pequeñas, o no tienen dinamismo propio para evangelizar su sociedad, o pertenecen a poblaciones misioneras (Ej. Asia).

b- Mundos y fenómenos sociales nuevos: grandes ciudades donde surgen nuevas costumbres y modelos de vida, especialmente entre los jóvenes; refugiados, inmigrantes, excluidos.

c- Áreas culturales o centros de cultura: medios de comunicación social; educación; compromiso por la justicia y la paz; los derechos humanos y de los pueblos; la defensa de aquellos a los que nadie tiene en cuenta; la promoción de la mujer y del niño; la asistencia al enfermo y discapacitado; política y economía; cuidado de la creación; nuevas formas de religiosidad.

d- Otros: dale un nombre a algún ámbito de misión que descubras cercano o presente en tu realidad de vida, en tu grupo, en tu comunidad y en tu barrio.

Para ello tomaremos en consideración ciertos aspectos de la misión, que los llamaremos los mandamientos misioneros. Estos son tomados a partir de algunos elementos claves que el padre Allamano dejó, como testamento, a sus misioneros y misioneras. Ellos revelan una sensibilidad única ante la realidad del Reino de Dios y de toda persona.


Primer mandamiento misionero

“Levántense por encima de las pequeñas perspectivas que predominan en su propio ambiente”.

“Levantándose María, fue deprisa a una ciudad ubicada en los cerros de Judá” Lc 1,39

“Te ordeno, Levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa. Y en el mismo instante, se levantó a la vista de todos, tomó la camilla donde estaba tendido y se fue dando gloria a Dios” Lc 5,24b-25

“Dejándolo todo, se levantó y lo siguió” Lc 5,28

“Levántate y vete: tu fe te ha salvado” Lc 17,19

Lo que en tiempos del Padre Allamano era una recomendación para los suyos, hoy es una exigencia implícita al ser mismo del misionero.

Para nuestra realidad contextual de globalización e integración universal tenemos que tomar consciencia de que el mundo, más que nunca, es nuestro hogar. El mundo es una gran aldea planetaria donde todos estamos vinculados, en una interdependencia cada vez mayor.

Como misioneros no debemos tomar esta actitud como un instrumento de dominación a los más débiles, o para sacar el mayor provecho posible de la gran tajada de los grandes capitales que circulan en el caber espacio.

Es, por lo tanto, una actitud de vida que nos permite integrar, promover y preservar todos los seres humanos considerándolos hermanos, hermanas nuestros, porque todos hemos sido llamados a la vida por el mismo Dios (aunque hayan muchos, todavía, que no saben o ignoran esta realidad), y porque hemos sido constituidos, por el bautismo, hijos del mismo Tata Dios.

Orígenes acuñó una expresión, con la cual siempre se identificaba: “soy amigo del género humano”.

Para nosotros es una clara invitación a acoger y sentir la verdadera responsabilidad por toda la raza humana, por su presente, su futuro, su destino último en la Casa del Padre.

La diversidad de razas, de costumbres, de idiomas, de credos, de culturas, más que una torre de Babel (Génesis 11,1-9), es hoy una oportunidad para establecer vínculos de unidad. Observemos lo que Pablo nos refiere a cuerpo de Cristo (I Corintos 12,12-26). Por tanto, no podemos construir el Reino aniquilando lo diverso, lo que de diversidad existe entre nosotros. La misión trae aparejada la catolicidad de nuestra existencia, desde lo más insignificante del mundo. Es una actitud de vida que nos permite ser-con-los-demás.

Esto significa reconocer el otro, dándole un lugar como persona, no como objeto o cosa. Reconocer al otro como tal, es aceptar que tiene un contexto, un espacio, un lugar que le es propio. Despojarlo de esto sería dejarlo desnudo. La desnudez del otro, es la indigencia que lo lleva a no ser persona (el huérfano, la viuda, el extranjero, de nuestros días. “Aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda”. Isaías 1,17. Al marginado y explotado. Al humillado). Ya que la misma diversidad nos permite constatar lo que siempre hemos dicho respecto a que cada ser humano es único e irrepetible, porque Dios así lo ha creado: cada uno de manera única y propia, como Él lo es: “hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra propia semejanza” (Génesis 1,26).

Esto, implica asumir una actitud de misionariedad permanente. O sea, de asumir la misión, en lo más amplio de su significado, a partir de nuestras acciones concretas y cotidianas, en modo de contribuir a hacer conocido a un Dios que nos llama a todos a ser parte de su Reino de fraternidad. Es tomar consciencia de lo que significa ser el “hermano universal”, el hermano de todos (y no solo de algunos, excluyendo, descartando, la gran mayoría, como hace la sociedad capitalista de hoy). Es ir a contracorriente. Es establecer nuevos códigos de comportamiento. Es recrear nuevas formas de relaciones interpersonales abarcativas, no plegándose sobre un egoísmo narcisista, hedonista y autosuficiente. Es salir de la privacidad de lo que es mío propio, del ámbito de lo exclusivame nte privado al comprometerse en el compartir lo que Dios ha creado para todos, y no para algunos exclusivos. Debido a la globalización y al exterminio de las culturas descartadas, se vive en una realidad donde la falta de intentos por construir unidad desde (en, a partir de) la diversidad, es algo ridículo.

Es derribar muros, salir del pozo; es construir puentes y caminos nuevos de comunicación, diálogo y escucha. Es percibir y hacer fructífero el único lenguaje universal, desde los albores de la creación: el lenguaje del amor !!!!

Quien ama, necesariamente engendra, se vuelca hacia fuera. Quien posee un amor enfermizo, enfermo de egoísmo se repliega sobre sí mismo.

Desde ésta óptica podemos “mirar” el mundo, los demás, las cosas que hacemos, con los ojos de la Justicia y la paz. Pues estos son los frutos del verdadero amor que brotan de un corazón que se levante más allá de sí mismo para mirar los demás con el mismo “mirar” de nuestro Tata Dios.

Veamos algunos ejemplos:

* “Ponéme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo: porque es fuerte el amor como la muerte, tenaz, como el Seol, su subsistencia. Flechas de fuego, son sus flechas, sus llamas, llamas de Yavé. Aguas inmensas no podrían apagar el amor, ni los ríos, ahogarlo. Quien ofreciera toda sus riquezas, a cambio del amor, sería despreciado irremediablemente”. Cantar de los cantares: 8,6-7  

* “De lejos Yavé se le ha aparecido: con amor eterno te he amado, por eso te ofrezco mi amparo”. Jeremías: 31,3

* “La esperanza no nos deja confundidos, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado”. Romanos: 5.5

* “El amor sea sin hipocresía; odiando el mal, aplicándose al bien; amándose los unos a los otros con amor fraterno; estimándose mutuamente sin reservas”. Romanos: 12,9-10

* “El amor no hace mal al prójimo; así que la plenitud de la ley es el amor”. Romanos: 13,10

* “Huye de las pasiones propias de la juventud y sigue la justicia, la fe, el amor, la paz, con quienes invocan al Señor con corazón puro”. II Timoteo: 2,22

* “En esto hemos conocido el Amor, en que Él ha dado su vida por nosotros. Y nosotros debemos dar también la vida por nuestros hermanos”. I Juan: 3,16

* “En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros, en que ha mandado a su Hijo único al mundo para que nosotros vivamos por Él. En esto consiste su amor: no somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino Dios el que nos ha amado a nosotros y ha enviado a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridísimos, si Dios nos ha amado de este modo, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Jamás ha visto nadie a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros y su amor en nosotros es perfecto”. I Juan: 4,9-12

* “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído. Dios es amor y el que está en el amor está en Dios y Dios en él”. I Juan: 4,16

El amor que Dios nos manifiesta ha de dar a cada cristiano, a cada misionero, la fuerza interior necesaria para hacer conocido a Dios, contra toda vicisitud, contra toda esperanza. En esto consiste su madurez y su cercanía con su Dios. Es lo que se llama de espiritualidad.


Segundo mandamiento misionero

“Se amará una religión que además de ofrecerles las promesas de la otra vida, los haga más felices en esta tierra”.

“De tal manera amó Dios al mundo, que entregó si Hijo Único, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” Jn 3,16

“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes se amarán los unos a los otros como Yo los he amado” Jn 13,34

“Entonces el mundo reconocerá que Tu me has enviado y que Yo los he amado como Tú me ama a mí” Jn 17,23b

“Porque el que no ama, no ha nacido de Dios, pues Dios es Amor” 1 Jn 4,8

Hoy, hay muchos jóvenes, adultos e inclusive niños, que vagan por la vida desorientados y sin una meta clara; sin un ideal preciso en la vida. Se vive en el instante fugaz y efímero de los múltiples sentimientos que se nos presentan a cada momento, sin más que el dejarse oscilar por estas manifestaciones de los sentimientos. Se vive sin detenerse siquiera en pensar lo qué se está haciendo, ni dónde se está yendo con este alternarse fluctuoso de los sentimientos. Pues ya no es la razón que impera (eso era la modernidad), sino el sentimiento lo que cuenta y da eficacia en la vida (es la posmodernidad). Buch dice que hoy la política es un sentimiento. Todo pasa por los sentimientos; inclusive nuestra adhesión a Dios.

Quien sale de esta realidad descubre que es posible vivir la vida siendo hacedores de la felicidad que Dios nos ha prometido y concedido en su Hijo. Es quizás recuperar la vocación a la cual fue llamado desde el mismo momento de la creación: la felicidad. En el A.T. estaba vinculada con la preparación al advenimiento de Cristo, toda la Ley (Torah) tendía a esto, preparar el camino al Cristo. En el N.T. Encontramos su culminación en Cristo. Sobre todo en el Sermón de la Montaña, donde se encuentra contrapuestos los bienes de “este mundo” con los bienes, la felicidad, la bienaventuranza del Reino: “Busquen primeramente el Reino y su justicia, y todo lo demás, les será dado por añadidura”. (Mateo 6,33)

Hacer que la persona crea y sea consciente de eso, asumiendo su condición y promoviendo su realización (la realización de toda la humanidad) como seres en los cuales se deposita todo el amor de Dios.

Para ello la evangelización (el anuncio explícito de Dios) y la promoción humana en el respeto, en la justicia y la paz, se hace indispensables en el misionero. Ya que es por medio de esta realidad la de orientar hacia la felicidad plena, la integridad de toda persona, como se alcanzará la realización universal del proyecto de Dios sobre nosotros: el advenimiento definitivo y total de su Reino.

* “Ustedes, pues, sean perfectos, como el Padre de ustedes es perfecto”. Mateo 5,48

* “Yo vine para que tengan vida y la tengan abundantemente”. Juan 10,10b

* “para que sean, como nosotros, una sola cosa”. Juan 17,11b

* “Que todos sean una sola cosa. Como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que también ellos sean una sola cosa en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como Nosotros somos uno: ¡yo en ellos y Tú en mí!, para que sean perfectos en la unidad”. Juan 17,21-23a

* “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y al conocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo”. Efesios 4,13

El misionero es la persona que, ante todo, lleva la misión de Dios hasta su cumplimiento, haciendo que Dios sea conocido por todos y haciendo que todos sean valorados como Hijos de Dios, depositarios del amor infinito de Dios que transforma toda vida.


Tercer mandamiento misionero

“ Escojan la mansedumbre como camino de transformación”

“Yo he elegido el camino verdadero y tengo tu Ley presente ante mis ojos” Sal 119,30

“Quiero, sin embargo, que estén siempre listos para hacer, escoger, el bien y para evitar el mal” Rom 16,19

Ante una realidad avasalladora, que desprecia toda intimidad, que deja de lado la delicadeza y el detalle, que no se importa del otro. El otro, por tanto, se la considera, hoy en día, como un objeto potencial de la compra de mi producto; como instrumento potencial del aumento de mi capital, de mi ganancia.

Anunciar a Dios y su Reino, elevando toda persona humana en su dignidad de hijo en el Hijo, dignificando a toda persona, conlleva en asumir algunas actitudes propias para hacer eficaz, productiva, rentable, redituable, oportuno, en definitiva hacer fructificar tal realidad en la vida cotidiana de cada hombre y mujer las semillas del Reino de su justicia y amor. “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios es inminente. Arrepiéntanse, pues, y crean en el Evangelio”. Marcos 1,15. Reino unido a cumplimiento de los tiempos y a conversión.

Cuando se es consciente de estas cosas nace en nosotros la mansedumbre, la dicha de tener en nosotros la presencia de Dios y su reino y la capacidad de anunciarlo.

La actitud de mansedumbre es aquella que nos hace idóneos para poder llegar a los demás con respeto y cordialidad. Esta está revestida de bondad de ánimo y de suavidad en el comportamiento y en los modales.

La agresividad, los modales hostiles y frívolos. Los comportamientos violentos y provocadores. Los enfrentamientos bruscos y bárbaros. La xenofobia y la intolerancia, son muy habituales en nuestro tiempo, de ahí la importancia de no imitar estos modelos, sino mostrar e indicar la posibilidad de una relación diferente, propia del Reino: la mansedumbre. Esta no significa que seamos bobitos, ni que nos dejemos dominar, oprimir, humillar, someter, doblegar, esclavizar, pisotear... Más bien, implica el de tomar en serio, al pié de la letra si fuera preciso, lo dicho por Jesús: “sean, pues, astutos, prudentes, como serpientes y sencillos como palomas”. Mateo 10,16b.

Jesús utiliza la simbología del mal (la serpiente) para indicarnos de qué modo debe ser nuestro primer modo de aproximarnos a los demás. Aprender el modo como hace el mal para acercarnos hasta nosotros y seducirnos, y así, hacernos caer. Más no adquiramos las motivaciones, el fundamento y la razón de la misma, sino solo su manera de comportarse. La motivación, la razón, el fundamento de nuestro actuar, semejante al de la serpiente debe estar basado en la sencillez de la paloma (es el símbolo de la paz – shalôm- y del Espíritu de Dios). O sea, en una disposición de mansedumbre. Es hacer justicia y construir la paz utilizando el mismo mecanismo de seducción de la serpiente. No para hacer caer a alguien, sino para guiar, conducir a todos a Dios y ayudarlos a elevarse por encima de los pecados, más allá de las propias limitaciones.

Pero, por cierto, el hombre como ser frívolo, pecador, es el artífice de la cultura de muerte, en donde, desafortunadamente, ha proyectado toda su sabiduría de soberbia, maldad, por destruir la vida y el mundo creado por Dios. Pues es en este ámbito, de la sabiduría que se suscita la mansedumbre, el “colocarse en los zapatos del otro”. Esta mansedumbre tiene un claro aspecto comunitario, social. Nace y se desarrolla en el espacio de los vínculos fraternos y de amistad (considerar al otro como alguien estimado, querido, apreciado). Estos vínculos nos hacen libres y promotores del otro. Promovemos la realización del otro en todos sus aspectos de su vida; ya sea este se encuentre en el trabajo, en la familia, en el estudio, en el esparcimiento, o viva momentos de dolor, de gozo, de muerte de un ser querido, de conflicto...

La mansedumbre vence toda estructura de individualismo y totalitarismo, de intolerancia y masificación.

También nos hace estar alertas y prevenidos para no correr detrás de vanas y engañosas opciones, valores, que por lo general están hábilmente orquestadas por la pérfida publicidad, que nos desorientan, ofuscan y apartan de los verdaderos problemas que sufren muchos de nuestros hermanos y hermanas en el mundo.

* “Busquen a Yavé, ustedes todos, humildes de la tierra, que han puesto en práctica sus preceptos; busquen su justicia y su mansedumbre”. Sofonias 2.3a

* “¿Qué quieren? ¿Que vaya a ustedes con la vara o con amor y espíritu de mansedumbre?”. I Corintios 4,21

* “Les exhorto a que caminen de una manera digna de la vocación con que fueron llamados, con humildad y mansedumbre, con longanimidad, sopórtense los unos a los otros con caridad, siendo solícitos por conservar la unidad con el vínculo de la paz”. Efesios 1b-3

* “Por lo tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revístanse de un corazón compasivo, bondadoso, humilde, magnánimo y con mansedumbre, sobrellevándose y perdonándose mutuamente cuantas veces alguno tuvo motivo de queja contra el otro. Del mismo modo que el Señor nos perdonó, así también ustedes, deben perdonar”. Colosenses 3,12-13

* “Pero tú, ... sigue la justicia, la piedad, la fe, la mansedumbre”. I Timoteo 6,11

* “Que estén prontos para toda obra buena, que no infamen a nadie, que sean personas de paz, benévolas y muestren una perfecta mansedumbre para con todos”. Tito 3,1b-2


Cuarto mandamiento misionero

“Preocúpense por la transformación del medio ambiente y no solamente por la de las personas”

Transformar el medio ambiente para que todos puedan vivir como hermanos, la gran utopía que estamos llamados a hacer realidad: Levíticos 25 y 27.

Analizar: ¿Qué parámetros establecen como vínc ulo de convivencia (código de convivencia elaboran)? ¿Qué los une entre sí? ¿Cómo se relacionaban entre sí? ¿Qué recursos persuasivos poseían? ¿Qué es lo que se rescata para nuestros días?

El entorno de la persona humana cambia, se transforma cuando esta s e transforma. La modernidad basó su proyecto en un pilar que parecía invulnerable, la inagotabilidad de los recursos naturales que posibilita todo desarrollo continuo y permanente. Sin embargo, los recursos naturales son limitados e irreparablemente renovables (por muchos años). La degradación del medio ambiente, la contaminación, la pérdida de productividad, el paulatino agotamiento de los recursos vitales, hace que no solo peligre la raza humana, sino la vida en sí. Proteger, cuidar, preservar, transformar la naturaleza, en un lugar (nuestro lugar) en donde fraternalmente (hermanos entre sí y con la naturaleza) se comparta y viva de lo que Dios nos ha regalado para que todos vivamos en paz. La tierra, desde siempre ha sido sinónimo de conflicto y rivalidad (Génesis 4,1- 15).

 

Quinto mandamiento misionero

“Sean fuertes, varoniles, enérgicos en el apostolado”

“Fíjense que los envío como ovejas en medio de lobos. Por eso, tiene que ser astutos como serpientes y sencillos como palomas” Mt 10,16

En estas palabras, del Allamano, aparece de manera clara la actitud del Profeta. Ante el impetuoso llamado de Yavé, a la asamblea, de quién irá por ellos, se oye una voz que, desde su libertad responsable, responde.

Desde su realidad de persona libre, consciente y responsable responde al llamado de Dios. “Y oí la voz del Señor Yavé que decía: ´¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?´ Y respondí: ´heme aquí, mándame a mí´”. Isaias 6,8-9.

Esta es otra actitud que debemos asumir, para hacer frente al gran desafío de la evangelización (anuncio de Dios, dignificación de toda persona y transformación del mundo en Reino); es la fortaleza de espíritu; es, en definitiva, la actitud del profeta.

La realidad cotidiana nos presenta a una juventud violenta, altanera y capaz de hacerle frente a cualquier cosa. Persisten en la maldad, en la criminalidad. No les cuesta nada (ni siquiera la propia vida) vivir en el umbral mismo de la muerte. En el peligro constante y persistente. Es como que les agradara vivir de esta forma. Amenazados y amenazando. Incentivando a la muerte y al mismo tiempo desafiándola en su mismo ambiente: la inestabilidad de la vida. Vivir o dejar de vivir no les da mayor importancia. Mas hacen esto con una fortaleza, con una energía única. Lo que los motiva o da esa energía muchas veces ofuscan su consciencia.

En cambio, nosotros, no tenemos la misma energía para hacer visible el camino diferente a que hemos sido llamados a caminar. O será que: no estamos lo suficientemente convencidos o conscientes de lo que significa el Reino de Dios y su realidad ya operante entre nosotros. Dios no nos adormece, nos despierta y muestra ante nosotros la realidad tal cual es. Tal vez esta sea uno de los motivos por los cuales nos “achicamos” pues estamos demasiados despiertos como para evaluar el peligro que nos asecha.

Frente a la realidad que nos desafía e interpela debemos estar conscientes que solo con nuestras fuerzas no podremos hacer nada. Contamos con los dones de Dios que nos hacen fuertes y nos da la posibilidad de construir algo diferente.

Una vez un periodista escribía: “ustedes los católicos tienen muchas cosas interesantes que ofrecer, pero no tiene el coraje ni la energía para proponerlas”.


Sexto mandamiento misionero

“Sean cisternas, no canales, respecto a los dones espirituales. Sean canales, no cisternas, respecto a los dones materiales”.

“Ve por todo el mundo y proclama el Evangelio a toda la creación” Mt 28,19

“Yo les escribí, jóvenes, porque ustedes son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes y ustedes vencerán al mal” 1 Jn 2,14b

“Yo vine para que todos tengan vida” Jn 10,10

“Yo te destiné para ir y dar fruto, y que ese fruto permanezca” Jn 15,16b

La seduciente propuesta de la sociedad capitalista hace posible una vida más fácil y placentera. La vida se ha transformado en un mero consumo. Solo se es alguien si se logra consumir lo que viene ofrecido por cantidades y cualidades siempre más apabullantes. Solo se logra ser un consumidor (un código o porcentual de una estadística) si poseemos los recursos necesarios para comprar, usar, consumir y descartar. En la medida que logramos completar el ciclo y comenzarlo de nuevo, somos contados. Nos dejamos envolver y atropellar por lo que la ley de la oferta y demanda nos exige que cumplamos (otra columna importantísima de nuestra sociedad). La persona humana se ve atiborrada de objetos que lo sofocan y desvirtúa su vivir. Pocos acumulan, acopian las riquezas naturales que son de todos. Muchos no poseen siquiera lo mínimo para subsistir.

Ante este hecho se nos propone otra realidad; la de ser cisternas llenas de los dones de Dios. De todas esas capacidades, virtudes, talentos con que contamos y enriquecen nuestra existencia. Y al mismo tiempo somos invitados a ser canales que dejan circular los bienes (dones) materiales conque Dios nos ha proporcionado para que podamos comunicarnos, relacionarnos y crecer en el amor. Todo fue creado para nuestro desarrollo y bienestar, en la integridad de todo nuestro ser. Nuestro, no de unos pocos.

“Nadie da de lo que no tiene”, dice el refrán. Los antiguos filósofos solían decir: “Tal como es cada uno, así concibe su fin”.


Séptimo mandamiento misionero

“El bien háganlo bien y sin ruido”.

“No fueron ustedes que me eligieron, mas fui Yo quien los escogió” Jn 15,16a

“Yo te destiné para ir y dar fruto, y que ese fruto permanezca” Jn 15,16b

“Es Dios quien hace crecer” 1 Cor 3,6b

“En todas las cosas somos mas que vencedores por medio de Aquel que nos amo” Rom 8,37

En la sociedad de lo provisorio y efímero, no importa tanto la calidad y cualidad, cuanto el costo y la ganancia que el producto genera. Poco interesa si está bien o fue generado de modo bueno, no por soborno o aniquilando algo o alguien (contaminación, destrucción, explotación, enriquecimiento ilícito). Fútil y banal; caduco y desechable es lo que se ve en el mundo. Se vive en la mediocridad de las cosas y de estilo de vida.

Se vive sin plantearse sobre la responsabilidad que me lleva comportarme de una determinada forma u otra. Nada importa sobre el daño o el beneficio que causo a mí mismo, a los demás, a la naturaleza misma. Ante este panorama tan prometedor, somos llamados, como cristianos y como mandato misionero, a generar comportamientos y situaciones donde el bien y lo bueno se vean y aprecien. Hoy, nuestro mundo en que vivimos, gime para que vuelvan lo ético y lo moral, no como principios anquilosados y estáticos, perennes e inalcanzables (esta ha sido la crítica de la posmodernidad a estos principios. Hoy se habla más bien de lo estético y lo etéreo –quiero, no quiero-), sino que dinámicos y actuales, accesibles y vitales, encarnados en la historia de la humanidad, mas sabiendo que proceden de Dios y vinieron hasta nosotros como lámparas de nuestro caminar.

El bien y lo bueno tuvieron que hacer una kénosis (abajarse) hasta hacerse tierra y lugar, sin dejar de tener esa perspectiva de eternidad. El bien y lo bueno, son realidades que afectan positivamente a hombre y a la mujer, pues provienen de su mismo ser, de su mismo “código genético”. Toda especie, toda vida, tiene un patrón determinado, crecer, evolucionar, desarrollarse, perecer. Mas en la persona humana este patrón está orientado para la felicidad de la especie. El bien y lo bueno; lo ético y lo moral están orientados para capacitar a toda persona en la realización de su fin: la felicidad. Estas, están reflejadas, expresadas, en la culminación de las obras realizadas por Dios, en especial de nuestro fin:

* “vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas”. Génesis 1,4

* “Dios llamó a lo seco tierra y a la masa de las aguas llamó mares. Y vio Dios que esto era bueno”.Génesis 1,10

* “Produjo la tierra hierbas y plantas sementíferas de su propia especie y árboles frutales que dan fruto conteniendo en ellos la simiente propia de su especie. Y vio Dios que esto era bueno”. Génesis 1,12

* “Los colocó Dios en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, regular el día y la noche y separar la luz de las tinieblas. Génesis 1,17-18

* “Así creó Dios los grandes animales acuáticos, y todos los seres vivientes que se mueven y pululan en las aguas según su especie, y el mundo volátil según su especie. Y vio Dios que esto era bueno”. Génesis 1,21

* “Hizo, pues, Dios las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Y vio Dios que esto esa bueno”. Génesis 1,25

* “Vio Dios todo lo que había hecho y he aquí que todo era muy bueno”. Génesis 1,31

* “Brille de tal modo la luz que está en ustedes delante de todos, para que vean sus obras buenas y así glorifiquen al Padre de ustedes que está en los cielos”. Mateo 5,163

* “El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro; y el hombre malo saca cosas malas del mal tesoro”. Mateo 12,35

* “Y en el colmo de la admiración, decían: ´Todo lo ha hecho bien, hasta a los sordos hace oír y a los mudos hablar”. Marcos 7,37

* “La sal es buena; pero si se hace insípida la sal, ¿con qué la salarán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz los unos con los otros”. Marcos 9,50

* “Den y se les dará; se les volcará en el seno una buena medida, apretada, rellena, rebosante; porque con la medida que midieran serán medidos ustedes”. Marcos 6,38

* “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me envió a evangelizar (dar la buena noticia) a los pobres, a predicar a los cautivos la liberació n y a los ciegos la recuperación de la vista, a liberar los oprimidos, y a promulgar un año de gracia del Señor”. Lucas 4,18-19


Octavo mandamiento misionero

“Hace falta fuego para ser misionero. Imposible que sea misionero el que no arde en este fuego del amor de Dios”

“Que el Espíritu de Nuestro Padre, abra el corazón de ustedes a su Luz” Ef 1,18

“Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor, conque nos amo, nos dio la vida junto con Cristo” Ef 2,4

“Que la alegría del Señor Resucitado sea en nosotros y nuestra alegría sea plena” Jn 15,11

“El amor de Dios se realiza completamente en nosotros” 1 Jn 4,12b

“Dios permanece contigo y tu con Él”1 Jn 4,15

Productos externos a la persona, la hacen más fuerte, más potente, más erótica, más bonita, más resistente a las enfermedades, más longeva, más “eterna ”. Mas, la mayoría de las veces, estos productos producen en el organismo efectos secundarios peligrosos para la misma salud. Por un lado, nos ayudan a vivir mejor; por el otro nos agobian con sus complicaciones. Aún no se ha producido nada sintético que pueda resolver todos los problemas que la persona posee en su vida. Muchos anhelan ese medicamento milagroso que los pueda hacer vivir un poco más y con una mejor calidad de vida.

El misionero posee dentro de sí, intrínseco al mismo llamado, un fuego que lo consume por dentro y lo expande por fuera; es la llama del amor de Dios. Ese amor que no se puede ocultar en lo escondido de nuestro ser, ni se lo puede aprisionar en lo profundo de nuestros sentimientos. Ese fuego sale y devora todo a su paso. Ese fuego, si nuestro egoísmo no lo ha a pagado, es capaz de producir ese cambio de vida, esa prolongación, esa fuerza de más, esa dinamisidad que hace de todo misionero ir más allá de sí mismo, de todo lo que le permitiría vivir el mismo mejor, y buscar el otro que necesita de ese mismo fuego para vivir.

Es un volcán en erupción continua que nos hace ir hacia los demás.

El secreto no está en algo que el hombre pueda llegar a inventar para vivir mejor. Ese elemento ya existe, se llama amor.

* “He venido a traer fuego a la tierra, y ¿qué quiero sino que arda?”. Lucas 12,49


Noveno mandamiento misionero

“Dios espera de nosotros la evangelización, no la conversión de los demás, que es asunto suyo”

“Reciban el poder del Espíritu Santo ... para ser mis testigos ... hasta los confines de la tierra” He 1,8

La publicidad, en nuestro tiempo actual, está pensada para captar consumidores. Todos, consumidores potenciales de las más variadas alternativas, somos manoseados, vilmente manipulados, atropellados, bombardeados, usados, violados en nuestra intimidad y ser, para lograr hacernos adquirir el producto en venta. La propaganda sutilmente nos tortura y hace desear, de tal forma, que acabamos sucumbiendo a su “suculento, deleitoso, sabroso, exquisito” hechizo. Nada más placentero, más orgástico que el dejarnos seducir por una fantasiosa propaganda.

Nuestra misión consiste en llevar el anuncio de Jesucristo hasta los confines de la tierra. Mc 16,15 (Vayan), Lc 24,48 (ser testigo de todo esto), Mt 28,19 (hagan), Jn 20,31 (para que crean y tengan vida)

Por lo tanto nuestra misión es el Anunciar a Dios, siendo testigos de su amor.

Tenemos que tomar consciencia que no somos nosotros que vamos a convertir a los demás. Nuestro testimonio contribuirá, de gran medida, a hacer a Dios visible y presente. Mas es Él, quien hará fructificar el deseo de la conversión, no nuestra insistencia, manipulación o persuasión.

Las campañas proselitistas, como la publicidad hace o algunas sectas practican, no hará que la gente se convierta. Más bien, la confunden y desorienta; les hace crear miedo y angustia porque no van allá donde se les promete lo mejor (porque no usa o adquiere tal determinado producto, en publicidad). No somos mercaderes de Dios, ni ve ndemos algo redituable. Somos mensajeros de un nuevo Reino, donde la justicia y la paz van de la mano. Donde el amor y la fraternidad son realidades cotidianas.

* “Tu me has seducido, Yavé, y yo me he dejado seducir; has sido más fuerte que yo, me has atrapado”. Jeremias 20,7a

 

Décimo mandamiento misionero

“Primeros santos, luego misioneros”.

“Todo lo puedo en Aquel que me da fuerza” Flp 4,13

“Si Dios esta con nosotros, ¿Quien podrá contra nosotros?” Rom 8,13

La imagen del hombre y de la mujer hoy se defin e por su belleza exterior; por su capacidad de recrear las cosas; por su sagacidad; por su inteligencia en asuntos económicos, políticos y de ciencia. En definitiva, por todo lo que produce. La producción impera en todos los aspectos y campos de la vida de nuestra sociedad de hoy. La imagen lo es todo, absolutamente todo. Una imagen linda, tierna, fuerte, viril, estremece; sean estas de alegría, tristeza o placer. Nos movemos en un mundo predeterminado por códigos complejos y en la mayoría de las veces intangibles, imperceptibles. Códigos que rigen nuestro actuar y vivir. Códigos que, muchas veces, están en contraposición a lo anunciado por Dios, en Jesús, para su Reino, pues encadenan, aturden y adormecen las consciencias.

Por lo tanto, nadie puede sentirse excluido del mandato misionero. Nadie puede decir: “no me toca a mí”. Claro que nos toca, me toca a mí hacer presente con mi vida a Dios.

El misionero, en su consciencia, ha de aprender a discernir sobre estos códigos que sutilmente hacen a la realidad de nuestros días, que engañan y apartan del camino de Dios. Discernir para ayudar a discernir, para orientar los demás. No para disponer de la consciencia de los otros. La libertad de opción, de escoja, es algo que hoy se ha perdido. La misión exige llegar a la libertad de conciencia y a la plena participación de toda la humanidad en su devenir, en su caminar, por la historia. Libertad que es antónima de capricho, irresponsabilidad, desprecio, egoísmo. Es la capacidad de decidir bien, para la plena realizació n del proyecto de Dios sobre la humanidad, dejando de lado, en la mayor medida posible, todo vestigio de pecado. Esto es santidad de vida en la libertad y responsabilidad de nuestra misión.

Ultimo aggiornamento ( sabato, 01 aprile 2006 15:48 )


go to top Go To Top go to top
border borderborder border
     
border
powered by mambo open source - tdw
border
border border
border border border border
border border border border

 

Warning: include(/home21a/sub001/sc16681-QKKD/www/consolata.org/italiano/stats//php-stats.redir.php) [function.include]: failed to open stream: No such file or directory in /mounted-storage/home78a/sub002/sc16681-QKKD/www/allamano/templates/tdwmambogreen/index.php on line 151

Warning: include() [function.include]: Failed opening '/home21a/sub001/sc16681-QKKD/www/consolata.org/italiano/stats//php-stats.redir.php' for inclusion (include_path='.:/usr/local/lib/php/') in /mounted-storage/home78a/sub002/sc16681-QKKD/www/allamano/templates/tdwmambogreen/index.php on line 151